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Cuba

Estándar

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Inmediatamente, al salir del aeropuerto, la ropa se adhiere a mi cuerpo como la bolsa a los alimentos después de una fuerte inhalación mecánica para quitarle el aire y envasarla al vacío. La respiración se torna dificultosa y el cansancio que no creía tener después de tantas horas de viaje, me invade de repente. Pero la emoción de llegar al destino tantas veces ansiado lo hace inapreciable. Me subo a un Fiat Lada de camino al centro de la ciudad y, mientras la carbonilla que invade el ambiente de la avenida se filtra por los pelillos de mi nariz, el asfalto transcurre a toda velocidad bajo mis pies a través de un agujero en la vieja y gastada carrocería.

La Habana. Ciudad de la música, las texturas, el color, la alegría, el jolgorio, el mojito, los Chevrolet y los mangos. Terrazas de calles ardientes y habitaciones de hoteles congeladas. Mundo aparte donde nace, crece y habita Silvio Rodríguez, mi querido Silvio. Compañero de viaje desde la más tierna infancia, fruto de la herencia de un padre fanático e insistente.

Tras abrir la ventana de la habitación para dejar que el calor entre y así poder dormir (no, no me equivoqué al escribir), caigo rendida y a la vez me siento inquieta por lo que me espera al día siguiente en el inicio de la aventura tantas veces deseada.

Paseos y más paseos, ron y más ron, música y más música, amigos nuevos y fiestas también…

Cuba, país en el que las gentes queridas y familiares están separadas por distancias cortas y cantidades enormes de dinero. Donde yo soy tú, y aquel y el otro. No importa. No entiende de clases, ni de modas, ni de diferencias sociales…

Donde la afición a las telenovelas no distingue edades, gustos, mentalidades, ni inclinaciones de ningún tipo.

Poco te pude conocer en esta ocasión pero cumpliste con las expectativas de una adicta al sentimiento que en ella provocabas ya desde la distancia espacio-temporal que mi ciudad natal y mi niñez suponían. En ti invertí mi primer sueldo y en ti invertiré el siguiente. Volveré para empaparme una vez más con el amor, la cultura, el calor,  y las buenas vibraciones que envuelven tus calles de pinturas escarchadas y colores danzantes.

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